La integración no es caridad

Hace algunas semanas en Argentina, en el Hospital Borda, dedicado a la salud mental, en la sala de terapias intensivas un paciente le hizo estallar el globo ocular a otro luego de que le aflojaran la sujeción. El joven estaba muy descompensado, y días antes ya había golpeado a la guardia de otro hospital.

El caso se hizo escuchar y llamo la atención del pueblo trasandino frente a la aplicación de una reciente Ley Nacional de Salud Mental, la cual hoy es acusada de tener efectos colaterales muy negativos en contra de los usuarios y además vulnerar los Derechos Humanos de los mismos.

Esta ley nacional (n° 26.657), promulgada el 2010 y reglamentada en el 2013, puso como ente revisor del respeto hacia los Derechos Humanos de los usuarios a un órgano especial, el OR o literalmente Órgano Revisor, el cual hoy entrega su primer informe, que destacó “Celdas de aislamiento. Electroshok. Niños contenidos Física y mediáticamente. Internaciones de años sin revisión – indica el resumen difundido-.

Hoy, especialistas involucrados han presentado recursos de inconstitucionalidad frente a algunos artículos de la ley citada y el debate del tema ha levantado vuelo entre la ciudadanía del país vecino.

Yo me pregunto sobre la lógica de abordar asuntos relacionados con la discapacidad (tanto mental como física). En nuestro país, al igual que en el país vecino, la lógica para enfrentar el asunto parece basarse en la distancia. No hay una integración real de los discapacitados ni políticas que busquen mejoras sustanciales en la vida de nuestros ciudadanos con discapacidad física o mental, más no ciudadana. Principalmente en Chile, creo que se aborda la discapacidad desde la caridad, organizando grandes campañas de sensibilización en donde el país entero mira a los ciudadanos discapacitados como extraños y distantes seres que no son normales, y que merecen y necesitan de la caridad para darle algo de dignidad a su vida. No siento que exista una real conciencia integradora de los mismos, los cuales tienen por derecho el respeto y la integración, no la caridad ni la vergüenza.

La caridad en este caso se presenta idéntica a la violencia. El tratar con caridad a alguien discapacitado es violentar su humanidad, la cual debería ser integrada en forma natural a la comunidad. Es imperante y necesario hacer un cambio no sólo en la ley, sino en el prisma con el cual los ciudadanos ven a sus pares, a su gobierno y a su nación.

Juan de Dios Parra.

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