La absurda muerte del guardia municipal

Hoy Theclinic.cl nos da una muestra del grado de violencia que está alcanzando nuestra sociedad. Bajar el odio y vivir en armonía depende de cada uno de nosotros, haz tu parte.

Eduardo Lara, el guardia fallecido durante los incidentes de la marcha del 21 de mayo en Valparaíso, tenía 71 años, era aficionado al karate y había pasado casi medio siglo casado con la misma mujer, con quien vivía en un humilde sector de Playa Ancha. Aunque ingresó a trabajar como guardia en la Municipalidad en 1991, desde el 2007 su contrato era como auxiliar de aseo de la corporación municipal. Una serie de descoordinaciones por parte de sus jefes directos, provocaron que nadie supiera que se encontraba atrapado en el incendio, retrasando en más de 30 minutos su rescate. Un tiempo valioso que bien pudo haberle salvado la vida.

Mariella Valdés encendió el televisor para tomar desayuno. Había despertado tarde: a pesar de las constantes advertencias de su jefe, el alcalde Jorge Castro, sobre el inminente desastre que provocaría el paso de la marcha del 21 de mayo por la ciudad de Valparaíso, la mujer no tenía otra preocupación que pudiera alterar su fin de semana.

Alertada por los noticieros, decidió asomarse a una de las ventanas de su casa ubicada en Avenida Alemania. Distinguió a lo lejos una columna de humo negra. “Demasiado negra para tratarse de una barricada cualquiera”, pensó. Siguió viendo las noticias y se enteró del incendio en un edificio patrimonial del plan. “Mierda, la oficina”, dijo en voz alta, aún en pijama. Luego, atando cabos de inmediato, gritó aterrada: “¡Mierda, Don Eduardo!”.

***

La secretaria municipal del municipio porteño tomó su auto y llegó al plan de Valparaíso en apenas cinco minutos. Allí se encontró con Ricardo Valdés, jefe de emergencias de la municipalidad, acompañado de otros tres funcionarios de menor rango. También estaba Guillermo de la Maza, director regional de la Onemi, y un equipo de bomberos quienes intentaban controlar el incendio.

-Tranquila, no hay nadie en la oficina- le dijo Ricardo Valdés al verla.

-¿Cómo que no? Don Eduardo está ahí- le respondió Mariella.

Eduardo Lara había ingresado a trabajar en la municipalidad porteña el año 1991. Tenía 71 años, tres hijos y cinco nietos. Aficionado al karate, llegó a ser cinturón negro durante su juventud. Vivía desde hacía más de 30 años en la misma casa ubicada en Montedónico, un sector humilde de Playa Ancha. Todos los días se levantaba a las 5:30 de la mañana para llegar a su trabajo en la sede del Concejo Municipal, cuya primera planta era ocupada por una cadena de farmacias. A las siete de la mañana de ese mismo día, ingresó al viejo edificio patrimonial ubicado en la esquina de Las Heras con Pedro Montt.

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